Consejos de PwC a la patronal vasca: acabar con el sindicalismo

La patronal vasca relaciona la competitividad con un modelo de gestión empresarial que parece abrirse a la participación del trabajo mientras se condiciona a un determinado comportamiento de los sindicatos. Con ello alimenta un relato que se esfuerza en presentar como compatibles la democratización de la empresa y la individualización de las relaciones laborales.  ¿Es eso posible?

Por Adolfo Muñoz “Txiki”


“Sin un cambio en el mapa sindical… Euskadi perderá competitividad”. Lo dice un informe de la consultora empresarial PwC. La consejera Tapia, presente en el acto en que PwC presentaba su informe, defendió ese objetivo. No es la primera vez que el Gobierno Vasco, con absoluta falta de equilibrio, coincide con las posiciones más reaccionarias de la patronal. La derecha económica, logradas las reformas laborales que privilegian su posición, sitúa el siguiente objetivo: acabar con el sindicalismo que se opone a sus pretensiones. O el sindicalismo se disciplina o se le disciplina.

Quieren hacer inútil nuestra intervención colectiva para que “la gente vaya evolucionando y prescinda del sindicato”. Los nuevos tiempos demandan que las empresas puedan hacer lo que les venga en gana con nuestra gente. Nos quieren de uno en uno y ponen de ejemplo Asia porque allí… no hay sindicatos. ELA considera muy grave que un Gobierno democrático haga suyos esos objetivos. Defender un objetivo pre-constitucional (quitar de en medio al sindicato) se debería considerar una intromisión intolerable en favor de la patronal. El Gobierno no guarda ni las apariencias. Es duro que la patronal se atreva a verbalizarlo y más duro que, para apoyarles, acudan al acto en que se presentan esas conclusiones dos consejeras del Gobierno de Urkullu y los máximos líderes del PNV. El Gobierno, desgraciadamente, hace tiempo que respecto al hecho sindical perdió el sentido del equilibrio. Lo perdió cuando apoyó que la minoría sindical suplante en la negociación colectiva a la mayoría elegida por los y las trabajadoras; lo perdió cuando quitó importancia al intento de Confebask de ilegalizar a ELA y LAB porque, entre otras cosas, hablábamos de “fiscalidad”. Lo perdió cuando la consejera Tapia dijo que “había que cambiar la representación sindical” en nuestro país.

El Gobierno se posiciona así básicamente por dos razones; la primera, porque representa ideológicamente a la derecha económica que no quiere sindicatos, como Margaret Thatcher; y la segunda, porque cree que esa forma de actuar no tiene coste político. Corren vientos favorables en el mundo para intentarlo. Es curioso. A la derecha política no le molestan las reformas laborales y la precariedad, le molestamos los sindicatos y no duda en ayudar a la patronal para dejarnos sin instrumentos de defensa. Quieren liderar una sociedad donde todos y todas aceptemos la disciplina que impone el miedo. Este viaje, advertimos, tiene muchos peligros.

Sí, PwC elabora un discurso ideológico cuando la derecha insiste en que “ya no hay ideologías”. Dicen que la “estrategia de confrontación laboral va contra las personas que trabajan en Euskadi…”. ¡Qué poca vergüenza! Que se lo pregunten, por ejemplo, a las mujeres de las residencias de Bizkaia, que han tenido que hacer 370 días de huelga para lograr un salario de 1.200 €. Ahí, dándoles apoyo y solidaridad, estuvo el sindicato. Eso es lo que no toleran.

¿A quién dirige PwC sus exigencias? A ELA no. Saben que no vamos a renunciar a la autonomía sindical que hemos ganado a pulso. ¿Qué delito hemos cometido para que nos sancione de esta manera? ¿Acaso nos inventamos la precariedad laboral y social que afecta a mucha gente? Nuestro delito es simple: trabajamos para dar perspectiva, autoestima, organización y capacidad de lucha. No hemos perdido la esperanza. Eso les molesta.

Un dato. Javier Urizarbarrena, que fue diputado de Hacienda de Bizkaia con el PNV, forma parte hoy de la dirección de PwC. No nos preguntamos qué defiende ahora Urizarbarrena porque es evidente. Nos preguntamos a quién defendía cuando era Diputado de Hacienda de Bizkaia. Él se fue a PwC, pero tuvo dignos sucesores en la Diputación para seguir bajando los impuestos a los empresarios. Es otro ejemplo de las puertas giratorias vascas, que las hay, y muchas.

La derecha se crece cuando la izquierda se diluye. Y la izquierda no es nítida. Hoy en Europa los ejemplos de izquierda política que reconstruyen su poder no eluden el debate ideológico con la derecha. Ante la decisión del Gobierno Vasco de ayudar a la patronal para debilitar al movimiento sindical la izquierda política se debería plantar. Sin embargo, construyen un “carril central” imaginario en la sociedad vasca en el que, precisamente, colocan dentro a quienes quieren destruir el sindicalismo.

Nos combaten imponiendo un modelo social precario y, además, apoyan a la patronal para quitarnos de en medio. Quienes hacen eso no forman parte del proceso en el que nosotros creemos. ELA no cree en eso. No es peccata minuta porque afecta a nuestro derecho a decidir. El de los y las trabajadoras vascas. El “carril central” en el ámbito institucional vasco es, desgraciadamente, neoliberal y, en nuestra opinión, es urgente plantear el debate ideológico a la derecha.

Hace falta, como dice Ken Loach, “liderazgo y voluntad para definir un programa alternativo”. Existe otra alternativa que ya ha experimentado su utilidad en toda Europa: la de seguir los consejos del sistema que exige a la izquierda que “rompa su conexión con el movimiento sindical y que culmine el tránsito hacia su papel estrictamente institucional para normalizarse”. Es lo que hizo Tony Blair. Ese camino ha sido un fracaso para la izquierda porque una izquierda sin sindicalismo está coja y un sindicalismo sin izquierda política alternativa, también.

ELA insiste en la necesidad de construir poder sindical. Nos parece que es una aportación genuina al soberanismo social en el que creemos. Ese poder sindical explica la diferencia entre sufrir la precariedad de forma resignada y poder levantar la cabeza con dignidad. A Emilio Botín le sustituyó su hija por derecho de herencia. El capital funciona así, se hereda. El poder del dinero se hereda, el poder sindical no. El sindicalismo hay que construirlo día a día para que obtenga su legitimidad en la clase trabajadora. Ni la ley, ni estos gobiernos tan dóciles con el poder económico, nos van a garantizar el futuro. El sistema tiene empresas como PwC para irradiar pensamiento neoliberal. Lo que debemos hacer depende de nosotros y nosotras. A PwC le decimos que estamos orgullosos por desempeñar esta función social, y que lo vamos a seguir haciendo.

Adolfo MuñozTxiki“, Secretario General del sindicato ELA

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6 comentarios sobre “Consejos de PwC a la patronal vasca: acabar con el sindicalismo

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  1. Muy interesante. Una de las claves en las que estamos todos de acuerdo es en la cuestión del poder de las grandes consultoras (la #BigFour) en la gestación de la crisis. Pensábamos que cuando estalló este se corregiría algo, pero no (igual que la cuestión del orden/desorden fiscal – paraísos fiscales. Parece mentira ¿en qué quedó tanto consenso?* ). Y en paralelo, tenemos la dependencia de la política de este sistema de consultoras y fundaciones (es parte de la crisis de la socialdemocracia). Puertas giratorias y más…

    (* De paso, ante evidencias de tamaño de rascacielos -la leche, ahora me acuerdo de que la torre de una de esas consultoras en Madrid se mudó a una mucho más alta…- me pregunto qué hacemos discutiendo entre nosotros, a veces por el sexo de los ángeles)

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  2. El debate expuesto en estas líneas apunta a cosas muy importantes.
    De un lado, es obvio que pueden haber “experiencias participativas” en las que el sindicalismo no está muy presente. En ese caso, se fortalece la integración entre capital y trabajo pero a la manera de los cuadros directivos, por así decir “bajo la hegemonía del capital”.
    Los trabajadores “acompañan” pero no se les reconoce capacidad para aportar un valor esencial en las decisiones. Su participación no genera derechos políticos para impugnar las líneas estratégicas ni para establecer los límites asociados a una visión monarquica o muy jerarquizada del poder. Mejor que no lleguen a tanto.
    Significa que es un paso corto, eso seguro. No parece discutible que esa representación del trabajo como colectivo rebaja la ambición y la calidad de la participación como aspiración de Democracia Económica.
    Pero decir eso es solo una parte. La experiencia de el Pais Vasco indica que sirve para fijar empleo y tejido social, para desarrollar industria y capital productivo innovador, para evitar deslocalizaciones… La cuestión es qué valor damos a ese paso, si es un paso aceptable y deseable hoy o es claramente insuficiente.
    En mi opinión, la necesidad de un Pacto por la Economía Productiva es una necesidad para evitar que la lógica financiera, basada en planteamientos puramente extractivos y en la precariedad y deslocalización del trabajo, se haga dominante. Supone que el mundo del trabajo, los sindicatos, asuman la necesidad de alianzas sociales, bajo una pautas mínimas, con el capital industrial y los directivos abiertos a lógicas participativas.
    Desde ese punto de vista, ese pequeño paso es realmente grande y deseable siempre que sea consciente y nos de una oportunidad para seguir avanzando.
    Un abrazo

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  3. Coincido con Ignacio en que se trata de un debate nuclear para nuestros planteamientos. Un debate en el que me parece de mucha importancia la más que oportuna advertencia de Adolfo Muñoz sobre las intenciones torcidas de una concepción conservadora de la participación. Pero creo que no es la única concepción posible. Lo que entiendo que debemos defender es una participación verdaderamente efectiva, susceptible de alterar significativamente la jerarquía de poder en la empresa, reduciendo el peso de grandes accionistas y altos directivos, en favor de los restantes agentes decisivos en la actividad empresarial. Ése es es siempre el objetivo de la democracia: repartir más equilibradamente el poder. Algo que es bueno en sí mismo (porque es justo y legítimo), pero que como señala Ignacio (y Antonio Palacian y Bruno Estrada en otros post) puede tener considerables virtualidades adicionales para la sostenibilidad de la empresa y para la fortaleza y resistencia del tejido productivo local, configurándose como un paso básico para ese imprescindible Pacto por la Economía Productiva, que debe ser al tiempo un pacto contra la economía especulativa y contra el suicida imperio de los mercados financieros.

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  4. Gracias, Ignacio, por tratar de poner un poco de orden y lógica a estos hilos de debate. Pero yo sugeriría que si se quiere tratar con seriedad un tema (al que directa o indirectamente nos estamos refiriendo ahora es a “eso” que llamamos “el modelo vasco de transformación empresarial”) la abramos un apartado -un post-, y no lo subsumamos en un artículo del amigo Txiki Muñoz.
    Detecto en los comentarios un elevado desconocimiento del tema (siempre salvando las necesarias excepciones) además de la lógica ignorancia de determinados aspectos sociohistóricos de Euskadi -o, al menos, de no haberlos vivido “desde dentro”-, a lo que se añade el uso particular de conceptos (como “participación”, “poder”, “democracia”, y otros) cuyo significado no comparto con el aparentemente expresado.
    Por eso, para debatir, me gustaría tener espacios y condiciones que trasciendan a la lógica “panfletaria” que tanto practiqué en mi juventud; pero este es vuestro espacio y vosotros decidís.
    Gracias.

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  5. Alfonso, a tu disposición tienes estás páginas para exponer tus propuestas sobre participación, poder y democracia, conectados con el contexto del sistema productivo en las condiciones sociohistóricas de Esuskadi. Ánimo!

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